La última conversación

La última conversación con mi madre, en su lecho de muerte, fue impresionante. Aparte de estar cogidas de la mano todo el tiempo, y hablar por señas, la entendí.

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La última conversación fue a base de apretones de manos: uno era sí y dos era no, como en las películas. Me transmitió que tenía miedo y yo le decía que se tranquilizara, se dejara llevar y que yo estaba con ella, no estaba sola, que iba a encontrar la libertad, el amor y el bienestar. Pero ella se resistía a morir, por esa razón su agonía duró cinco días.

La última conversación

Le fallaban todos los órganos, llevaba oxígeno y cuatro sueros, estaba hecha un desastre, la pobrecilla; pero no quería irse. Yo la peinaba mientras hablaba con ella dulcemente, le ponía crema, la besaba, acariciaba, la intentaba serenar y le decía que le estaban esperando. Cuando le dije que la esperaban me dijo que sí con el apretón de manos. Como yo había leído, que los moribundos ven a sus queridos, empecé a preguntar.

¿Ves a papá? Sí. ¿ves a los abuelos? Sí. ¿Ves a mis hermanos? Sí. ¿Ves a tu abuela? -a quien quería muchísimo-. Sí. ¿Ves a los tíos? Sí. ¿Ves a alguien más? Sí. Ahí empecé a decir nombres y me decía que no; como tenía algo de mal carácter se desesperó y, como pudo, me dijo el nombre de Consuelito, una prima mía -al oírla hablar llamé a la enfermera y todo-; le dije que no podía ser porque estaba bien, vivía, y ella “ere que ere”, veía a Consuelito. Ahí se quedó la cosa. El martes 22 de abril murió, pero con unos estertores que ponían los pelos de punta, y ya inconsciente. La tenía cogida de la mano y ya no tenía fuerza. Le pregunté al médico si estaba sufriendo y me dijo que no, que ella ya no estaba en su cuerpo, que lo que estaba pasando es que la máquina biológica -su cuerpo- estaba expulsando todo el aire. Entonces me enseñó el tórax y me hizo ver que la respiración era hacia abajo, el tórax se hundía en cada respiración, no como cuando estamos vivos que se infla y, además, eran cada vez mas distantes. Me explicó que los pulmones se estaban vaciando; cuando lo hicieran se pararía el corazón. Una enfermera mayor me dijo que la dejara tranquila, que la tuviera de la mano pero en silencio. Noté cuando murió: su energía se esfumó, se respiraba una paz absoluta, distinta e indescriptible. No se oía nada. Solo se sentía algo muy especial.

En el tanatorio

Allí estuvimos mis hijos y yo solos. Toda la familia y amigos vive fuera. Mi ex-marido y una cuñada estuvieron un rato. Allí seguía hablando con ella porque, se supone, que el cuerpo etérico tarda tres días en disolverse y ellos lo ven todo. Por ese motivo seguí transmitiéndole tranquilidad, libertad y amor, que se fuera en paz y no mirara atrás. Como os conté en hace un año, ella se liberó de sus penurias y dolores y yo también. Me sentí libre, por fin, (eso creía) y, ahora después de un añohe podido entender y conectar con ella. Ya no es la madre que se fue, la madre enferma, tóxica y manipuladora; ahora es una madre que se ha desprendido de las cargas. Alguna queda pero lo estamos trabajando: conforme ella desprende yo también.

Al rato de estar allí -en el tanatorio- me llamó un primo mío y me dijo que tenía una mala noticia que darme pero no me habían podido localizar -normal, estuve en el hospital con mi madre casi tres semanas-; me dijo que mi prima Consuelito había muerto el día 7 de abril. En ese momento le dije que estaba en el tanatorio porque mi madre había muerto también. El se quedó pegado, pero yo mucho más: mi madre había visto a mi prima que había muerto unos días antes que ella y yo no lo sabía.

¿Cómo os quedáis?… Eso confirma que es verdad, que los ven, aunque yo, en ese momento, creyese que era una historia de mi madre provocada por los medicamentos. Vio a mi prima y yo no sabía que había muerto.

CONTINUARÁ…

Muchas gracias por entrar.  Dad a BUZZ por favor.

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