Otra meditación reveladora

Otra meditación reveladora ayer tarde. Me gusta cuando me revelan algo y me doy cuenta de qué es.

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Otra meditación reveladora, con datos concisos y muy esclarecedores. Así da gusto. No cuando te tienes que calentar la cabeza para sacar el mensaje que se supone que te están dando y no consigues enterarte de nada. La cosa va de un encuentro con mi madre, en meditación, y con mi hijo pequeño cuando este tenía unos dos años.

Otra meditación reveladora

Para mí ha sido una buena revelación ya que la espina siempre la tuve clavada. El caso es que mi madre, en vida, no tragaba a mi hijo pequeño y le hizo bastante sufrir -y a mí también, porque soy su madre, dicho sea de paso-. En este post del año pasado os lo cuento y así comprenderéis mejor de qué hablo; “me parece injusto”El caso en que, meditando, cuando estás en ese estado  alfa profundo en el que no sabes si estás aquí, allí, o en medio. Ese estado de conciencia que te hace flotar, que no notas el cuerpo y tu conciencia pasa a otro estado. Pues ahí es cuando clarísimamente sucedió lo que os voy a contar: Iba cogida de la mano de mi madre y mi hijo, con la edad de dos años mas o menos. Íbamos hablando y caminando por calles desconocidas, nos perdíamos y volvíamos a encontrar el camino. Cruzábamos ríos y me hizo meterme en el agua para salvar a unos caballos y perros que se estaban ahogando -eso no lo entiendo- seguimos caminando y nos quedamos sentados, los tres, en un banco.

Mi hijo jugaba y abrazaba a la abuela -en vida jamás-; yo me extrañaba y le pregunté: ¿por qué juegas y lo abrazas si no lo quieres?… La contestación fue ésta: “cuando vivía lo hacía para que el otro niño -el mayor, su favorito- me quisiera más -que se equivocó porque los hermanos siempre se han querido mucho y lo defendía- y ahora que estoy aquí he sabido que mi misión con él era tratarlo así para ayudar a que se hiciera fuerte y responsable, como lo es ahora; es una persona especial y lo amo”. Y tiene toda su lógica: el niño del que hablo en el primer enlace, “me parece injusto”, ha dado un giro de 180 grados desde que mi madre murió, más o menos. Tiene 17 años, se ha vuelto responsable y cariñoso, es amable y educado, está trabajando y estudiando -el año pasado dejó los estudios- y ha pasado de ser un rebelde pegado a mis faldas a ser independiente, intuitivo y el más realista de los tres que somos en la familia.

Algunos estaréis pensando; “casualidad”, y lo respeto. Pero las casualidades no existen, eso por un lado, y, por otro, yo me quedo con el mensaje -que me cuadra- y con la reflexión de que todos venimos con una misión: a ayudar a los demás, entre otras cosas, a cada uno, como lo necesita, aunque no sepamos por qué. Si hubiese sido una ñoña con ese nieto, éste habría sido quizás -o no- un tonto más porque yo lo tenía demasiado mimado, sobretodo a él; al estar divorciada me daban pena mis hijos porque eran muy pequeños y les daba demasiado mimo -lo reconozco- y ella le daba “estopa” lo que contrarrestaba. ¿Quién sabe?…

Muchas gracias por leerme. Es importante para nosotras que nos leáis. Eso nos ayuda a mejorar y a motivarnos. Cada día vamos mejorando un poco más nuestra web Dudeklatero y eso es también gracias a vosotros. No os olvidéis de dar a BUZZ

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