Never give up!

Ayer, por casualidades de la vida, escuché Rota, el nuevo single de Lucía Gil, y entonces una de las partes (la del estribillo) decía: “¿Por qué te empeñas en dejar mi alma muda, sorda y rota igual que todo lo que tocas? Soy el blanco fácil de los tiros que lanza tu boca”. Esto me provocó un qué pensar constante, pues a mí también me gustaría descubrir por qué hay gente así, capaz de dejar que su felicidad gire alrededor de las desgracias ajenas con el único propósito de hacer que alguien lo pase fatal y enorgullecerse de ello.

La indiferencia duele, le dije una vez a una gran amiga. Pero en el fondo sé que eso no ayuda de mucho sabiendo que alguien a quien quieres está haciendo todo lo posible para que no salgas adelante. Ojalá sepas, amiga mía, que el golpe más fuerte es el silencio. Ojalá sepas, amiga mía, que su alma sí que está rota y vacía de sueños y de esperanzas, pero la tuya no. Ojalá, amiga mía, seas consciente de todo lo que nos has enseñado, y no me refiero a sonreír sí o sí (que también), sino a levantar algo que parecía caído, a hacer que las cosas imposibles surjan de la nada, porque tú jamás dijiste que eran imposibles y supongo que por eso has llegado hasta donde estás.

Así que sí, la indiferencia duele, duele fingir una aparente indiferencia cuando quieres gritar, romper alguna vajilla demás y gritar en un posible sitio destinado al grito insonorizado hasta quedarte sin voz y, probablemente, sin ganas de llorar por lo decepcionada que estás de esa persona que no fue lo que prometió (o lo que esperabas), de demostrarte lo bajo que puede caer y que, después de todo, por mucha bala que pararas por él, resultó ser quien estaba tras el gatillo. Pero, amiga mía, no te olvides de que la indeferencia duele, claro que sí, pero tu éxito duele mucho más, así que, por favor, prométeme que seguirás volando hasta alcanzar el cielo.

Recuerdo que atardecía,
recuerdo que vi su coche
detenerse,
recuerdo la compañía
de sus ojos en la noche,
sin saberse
tras la boca de un gatillo
que esperaba tembloroso
y asesino,
meterse por un pasillo
de aquel corazón dudoso
sin destino.

Luis García Montero. Recuerdo que atardecía…

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