Epílogo y despedida de la historia de suspense y terror denominada “La maldición de Xauxelles”.
Me despido por esta historia ambientada en una finca vilera, La maldición de Xauxelles, pero, mañana mismo, comenzaré otra nueva. Recuerden que no son aptas para cardíacos ni para menores de doce años y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. O casi.
Epílogo de “La maldición de Xauxelles”
Y dijo el padre:
-y lo que vamos a hacer por este pueblo es dejar abierta la finca de Xauxelles para que la gente pueda ir a visitarla cuando quiera y los arqueólogos puedan estudiarla.
Y les dijimos:
-Nosotros nos tenemos que ir ya a casa. ¿Qué hora es?
Y vimos la hora y descubrimos que eran las cinco y media de la mañana.
El padre dijo:
-ay, Santo Dios, Madre Mía. Os dije que teníais que salir de aquí, corriendo, pitando, a las seis de la mañana. Porque cuando amanece nuestras formas cambian a personas normales. Toda Villajoyosa sabe cómo somos de noche pero no cómo somos de día. Pero no guardéis el secreto. Todo el mundo sabe cómo somos de noche y cómo somos de día.
El museo estará abierto las veinticuatro horas.
Y, de repente, Joan les preguntó por el candado. Y el hombre le responde:
-es de oro. Esto aún no os lo podéis llevar. Pero tenemos más y más valiosos.
De repente, Pere y Axel sacan la bolsa de basura del Domti de cero sesenta con varios candados de diversos materiales y les dice:
-Vendedlos a setecientos euros cada uno.
Y de repente llegan las seis y de repente estos tres espectros forman un capullo y, en cuestión de segundos, se abre el capullo y salen ellos con las caras normales. Y Joan se sorprende y dice:
-xé, la teua cara em sona molt-. (Ché, tu cara me suena mucho) le dice a Pere.
Y Axel dice:
-xé, clar que et té que sonar. Si tú i jo anem al mateix institut, home-. (Ché, claro que te tiene que sonar. Si tú y yo vamos al mismo instituto, hombre)
-¿queréis que os invitemos a ir a un bar? En el coche tengo espacio para uno más-. Dije yo.
Y nos echamos todos a reír.
Y Pere dijo:
-yo me llevo a la mujer y tú te llevas a mi hijo.
Y yo le dije: -aceptamos.
Y le pregunté:- ¿a qué bar vamos?.
Y él respondió:-vamos al bar Jaén, el mejor bar del mundo.
Y, entre risas, subimos a nuestros coches y nos fuimos.
Después de recordar esta experiencia no pienso volver a portarme mal ni a sacar malas notas ni a contar chistes malos jamás. A eso me refería, con a no volver a ese sitio.