La finca Xauxelles

Presentamos la cuarta entrega del relato espeluznante sobre la Villa Xauxelles.

Historia de miedo y suspense, totalmente imaginada, sobre la finca Xauxelles enclavada en La Vila Joiosa. No apta para cardíacos ni para menores de doce años. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. El nombre: La maldición de Xauxelles.

La finca Xauxelles

Nos echamos un rato hasta la una de la madrugada. Oímos como voces que nos nombraban a nosotros durante cinco minutos.  Pero después conseguimos conciliar el sueño.

Una de la madrugada. Ya nos despertamos y ya pusimos rumbo a la finca. Abrimos la puerta con una protección antigérmenes. Nos pusimos la protección antigérmenes por si acaso. Entramos ahí dentro y empezamos a grabar con nuestra cámara Futjifilm de dieciséis megapixels HD, con una cámara Nikon y Canon.

Al entrar, Miquel, fue antes, por que se le olvidó, a coger la cruz. Dijo:

-Xé. ¿No nos falta una cosa? ¿No te acuerdas de la cruz del conserje ese que está mal de la chaveta?.

Y Joan y yo nos pusimos de acuerdo, la cogimos y yo dije:

-Hay que estar mal de la chaveta para creerse eso.

Cogimos la cruz de la guantera del coche, dejamos a Miquel esperándonos en el coche para que no nos lo robasen y Miquel tenía una cámara en el coche para que viese lo que hacíamos.

Entramos en dirección hasta el piso de arriba que es donde estaba el salón y, detrás nuestra, oímos un “¡Pum!” que nos dio un susto de muerte y era una puerta que se había cerrado sola como la otra vez. Y ahí ya empezamos a sospechar. La intentamos abrir pero no se podía. Pero no le dimos mayor importancia y pensábamos que habría una puerta trasera o que, si no la había, que de un patadón la podíamos romper.

Pero eso decidimos que lo pensaríamos ya para la salida.  Nos dirigimos hasta el salón, en el piso de arriba y en el piso de abajo ya pusimos una cámara, ya dejamos una cámara ahí para ver lo que salía y  en el patio ya dejamos otra.  Y Miquel estaba vigilando el patio y todas las cámaras.

Y Miquel nos advirtió, de repente, con unos walkie talkie que teníamos, que había un hombre en el piso de abajo pero que no le había visto la cara pero la ropa sí. Miramos para abajo y no vimos nada. Luego, por las cámaras, lo veríamos, decidimos.  Y en el piso de arriba oímos un ruido como un golpe. Nos asustamos y vimos que era una rata, que no tenía mayor importancia. Que mientras no la toquemos no pasa nada.

Dejamos una cámara en el piso de arriba y nos dirigimos hacia el sótano.  Y en el sótano vimos un brazo de una persona que resulta que era un maniquí. Y, de repente, en el piso principal, en el recibidor, oímos como si un coche se acercase, como si el motor de un coche se acercase hasta la puerta. Le preguntamos a Miquel por el walkie talkie y nada más que oíamos ronquidos y pensamos que el chaval se había quedado dormido. Y al subir arriba vimos el coche que se situaba delante de nosotros con los faros abiertos, encendidos.

La maldición de Xauxelles
La maldición de Xauxelles

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