Un extraño en Xauxelles

Tercera parte de la historia acaecida en Xauxelles, un palacete de La Vila Joiosa.

Continúa el relato de La maldición de Xauxelles. Una historia de terror  no apta para menores ni para cardíacos debido a los horrores descritos en algunas escenas. La historia se encuadra en un palacete de La Vila Joiosa llamado Villa Xauxelles. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Un extraño en Xauxelles

Puse la primera marcha, metí el coche dentro de la finca y, al meter dentro el coche entero, pasando ya la puerta, oímos detrás nuestra un ruido como si una verja se estuviese cerrando bruscamente. Y nos dimos un susto de muerte: vimos que la verja se había cerrado sola. Y no le dimos mayor importancia. Pensábamos que era el viento.

A Miguel no le daba “buena espina” el sitio. Y dijo:

-¿por qué no damos media vuelta y nos vamos?.

Y yo le dije:

-Miguel, no seas así.

Por no decir “gallina”. Pero él sabía a lo que me estaba refiriendo.

Y dije:

-tranquilo, tío, que no te va a pasar nada. Estás con nosotros.

Aparcamos en un sitio junto a la puerta de la entrada de la edificación abandonada. Salimos del coche y, en aquel momento, eran las diez y cinco de la noche. Sacamos el equipaje del amplio maletero del coche y nos fuimos junto a un árbol al lado de la casa.  Y sentimos como si alguien nos mirase. Pero no le dimos importancia porque eso suele ocurrir en muchos sitios y es normal. En cuanto a lo de la radio, pensamos que era un gracioso y que le había ocurrido a todos los coches que estuviesen escuchando esa emisora.

Pero la verdad es que lo raro es que los de la radio nos dijesen:

-Lo sentimos por el “idiota” que nos ha jugado esta mala pasada.

Pero pensamos que, a lo mejor, el tipo de la radio no lo había oído y no le dimos mayor importancia. ¡Qué valientes!.

Preparamos las cosas, sacamos la linterna para ver bien las cosas, dónde las dejábamos. Al apuntar a las ventanas de la casa, en el interior, vimos una cosa espeluznante: la extraña silueta de un hombre. La vimos  Miguel y yo.  Fuimos a decírselo a Joan y al ir hacia Joan se la intentamos enseñar y, al apuntar otra vez con la linterna, no vimos nada. Eso nos empezó a asustar un poco más ya y le dimos un poquito de importancia.

Después, al acostarnos en el saco de dormir, preparamos los sacos de dormir, ya, y la tienda de campaña, mientras cenábamos ahí dentro oímos tres voces que nos llamaban.

Una, diferente:

-Joaaaaan… Ricaaaardddd… Miqueeeellll…

Las tres voces tenían un tono terrorífico y sonaban fuera de la tienda.  Sonaban desde fuera. Joan salió fuera a mirar y dijo:

Xé, ahí fora no hi ha res. Tranquilitzeu-vos, no passa res. (Ché, ahí fuera no hay nada. Tranquilizáos, no pasa nada”.

La maldición de Xauxelles
La maldición de Xauxelles

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