Constantemente pienso en demasiadas cosas malas; comparo la vida con una manzana podrida en la que solo viven gusanos con cara desencajada y ojos podridos de no ser capaces de ver algo más que a alguien con sueños para picotearle la cabeza hasta dejarla hueca, sin ilusiones, una alma perdida vagabundeando por las calles de cualquier lugar, sin rumbo, con las luces fundidas de una farola que ya no alumbra.

Todo a mí alrededor se desvanece, y empiezo a cansarme de hablar de tristeza, de este camino lleno de piedras de las que no obtengo más que lágrimas y sonrisas forzadas del tipo: “No te preocupes, estoy bien”, aunque en realidad me esté quemando por dentro, como cuando tengo que salir a hablar en público y noto cómo el corazón hierve e intenta congelar el tiempo con tal de darme un par de segundos antes de que el inconsciente de mi cerebro provoque que mis palabras se tambaleen en mi boca y salgan de forma amortiguada, atropellándose con mi lengua y al final yo, pareciendo atormentadamente insegura. Lo cierto es que lo soy, porque no apuesto por todo lo que quiero, por miedo al “no, Amapola”. Me he acostumbrado a vivir en el agujero negro, en ese donde todo parece estar hecho a medida para los que no sabemos afrontar nuestro reflejo ante un espejo, y sonreímos para que no pregunten, pero no somos felices. No, todo es una fachada cubierta de hormigón, incapaces de derrotarla. Suena hipócrita que hable de esto cuando no tengo ni idea de cómo deshacerme de esa coraza, pero ¿es lo que quiero? Sabéis, el miedo es un problema cuando se convierte en una homogénea rutina, y yo tengo mucho miedo, porque no sé vivir siendo feliz, de hecho, no lo soy; no me pasan cosas maravillosas, no creo en los detalles pequeños del día a día. Tampoco creo en la suerte, y sonrío demasiado. Eso es un problema. Sonreír no significa ser feliz, yo lo asocio más a lo contrario: sonríes por aparentar, para que no pregunten. Y últimamente, Esperanza sonreía demasiado.

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Estado de confusión

Cuando no sabes de qué forma expresarte en un folio en blanco que nadie leerá, el nudo en la garganta incapaz de retenerse, escabullándose entre los negros rincones de la cavidad bucal sin poder paralizarlo mientras le suplicas auxilio al tiempo. Ese instante en que no soportas más y darías lo que fuera por huir de tu propio destino, pero…

No puedes.

Así se debió de sentir Esperanza al decirme que su madre tenía cáncer. Lo soltó como si fuera un suicida sin ganas de matarse, con la mirada perdida, ausente, decepcionada quizá, sobre todo, confusa.

¿Cómo demonios le dices a alguien que todo saldrá bien?

Joder, es San Jordi, y todo es una mierda.

Desde hace tiempo llevo pensando que algún día estaré allí, viviendo en Barcelona por unos días, donde alguien regala rosas y un libro. Sin embargo, ya no me vale nada de eso porque de repente, en un chasquido de dedos, las ilusiones se borran como una carta quemándose en la hoguera mientras los sentimientos enmudecen y se guardan bajo llave en el alma hasta que uno sepa capaz de mostrarlos. -o de matarlos-.

Pensaba que este año era el elegido, y crees que “algo bueno tenía que suceder sí o sí”, pues no. Jamás encontraría un trébol de cuatro hojas ni un callejón con una salida que no conlleve pánico, ni un invierno sin frío.

Ahora daría lo que fuera por retroceder para no avanzar hacia este futuro del que espero y no recibo nada excepto decepciones. Y al final… todo se resume a vivir en ese agujero negro del que no sabes cómo cojones salir.

Pero es San Jordi y no veo ninguna rosa roja muerta.

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Reseña: Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí, de Sara Herranz

¡Buenas!

¿Conocéis el libro Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí? Es el primer libro de la ilustradora Sara Herranz.

FICHA TÉCNICA

Nº de páginas: 160 págs.

Editorial: LUNWERG

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788416177448

SIPNOSIS:

«Primer libro de Sara Herranz, la nueva gran promesa de la ilustración española: intimidades de alcoba y secretos del corazón, lo sentimental sin tapujos, directo y afiladoUn paseo por el mundo de las relaciones sentimentales, del enamoramiento al desengaño, pasando por rupturas dramáticas que rompen el corazón en mil pedazo s, algo de sexo, fiestas y alcohol para olvidar. Al final, de nuevo el amor, quizá esta vez sea el verdadero.A través de sus sencillos dibujos en negro, blanco y un toque rojizo, relata la historia que podría sucederle a una chica cualquiera en una ciudad cualquiera.»

(http://www.casadellibro.com/libro-todo-lo-que-nunca-te-dije-lo-guardo-aqui/9788416177448/2497282)

Sweet Poppy y su valoración personal sobre el libro de Sara Herranz

 

Sinceramente, me he decepcionado mucho con esta obra. La portada promete, porque sí, es un libro que “te entra por los ojos”: una chica joven y guapa en la portada, cualquiera se moriría por saber qué hay tras esos ojos de perspicacia. Sin embargo, a la hora de la verdad, no es un libro que volvería a comprar principalmente porque el contenido es muy pobre. No me esperaba una novela ilustrada, aunque sí un libro capaz de llegar a la altura de otras obras que presentan imágenes, un gran trasfondo y por supuesto, argumento –no los mencionaré por eso de que las comparaciones son odiosas–.

Algo que diré a su favor: las ilustraciones son bonitas. Es cierto, Sara Herranz dibuja muy bien, tiene una prometedora carrera como ilustradora, la prueba de ello es que el libro consigue atraparte en una primera impresión, y eso puede contrarrestar con una ilustración equivocada. A pesar de lo mencionado anteriormente, es increíble cómo esta joven consigue con tan solo tres colores –blanco, negro y rojo– crear un dibujo completo y propio. Al mismo tiempo, logra cuajar una entidad única, suya. Cualquiera que viera una ilustración con estas características diría: “Es de Sara Herranz”.

Después de barajar los aspectos buenos y malos, he llegado a la conclusión de que si me hubiesen dado este tipo de información en el momento en el que iba a comprar el ejemplar, me habría ahorrado dieciséis euros. No pretendo ofender a nadie, pero es un libro que –desde mi humilde opinión– no está a la altura de su precio. Por eso, si tuviera que puntuarlo del uno al diez, le pondría un cinco.

Saludos ღ

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Llevo mucho tiempo sin escribir. Estoy experimentando esa fase en la que no sé si continuar con esto –veo el final en el principio, y no me parece un buen comienzo–. Es difícil hablar sobre esto porque no tengo la más remota idea de cómo va a acabar, y eso asusta. Me asusta.

Jamás pensé que mi padre leería el blog. Siempre ha dicho que él es más de libros técnicos que de novelas. Aunque claro, más que una novela, esto es mi día a día contado en pequeños fragmentos, un diario abierto al mundo, un diario que pertenece también a Esperanza. Lo primero que me dijo mi padre fue: “¿Es una buena idea que escribas sobre ella?”

No lo sé.

Ojalá tuviera un mapa donde estuviera escrito mi próximo paso para preguntarme: ¿Estás segura, Amapola? Volvería a decir que no lo sé, y empiezo a cansarme de no tener ni idea de nada.

Pienso en toda esa gente a la que le pasan cosas bonitas, maravillosas… Me pregunto si alguna vez han llorado de verdad. Me refiero a cuando te falta el aire, notas un pinchazo muy fuerte en el pecho, todo te da igual y solo quieres morirte. Pero no lo haces, eres demasiado cobarde para hacerlo, porque, además, ¿quién te echaría de menos? ¿Quién te querría la mitad de lo que no te quieres tú? Nadie. Es como esa frase que dice Irene X: “Si yo fuese tan bonita como la vida, también me permitiría el lujo de ser muy puta”. O esa que siempre dice mi prima: “La vida no nos pone frente a situaciones que no podamos superar”. Tanta oración tranquilizadora para que luego en la práctica sea todo al revés, porque en la realidad no vale con ver un Stop, sino en saber que a partir de ahí todo puede estar delimitado por lo que es y por lo que “podría haber pasado si…”, y en ambos casos lo que cuenta es saber frenar a tiempo sin rebasar la marca vial.

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Reseña: Nadie como tú, de Anna Casanovas

¡Hola amigos!

Después de mucho tiempo sin escribir una reseña, hoy, vengo a hacerlo del libro Nadie como tú, de la escritora Anna Casanovas.

FICHA TÉCNICA

Género: Romántica

Nº de páginas: 368

Encuadernación: Tapa blanda bolsillo

Editorial: Planeta

Lengua: castellano

ISBN: 9788408085935

Este es el primer libro de la saga: “La familia Martí”. Dentro de esta encontramos:
• A fuego lento (2009)
• Dulce locura (2010)
• Hotel California (2012)

SIPNOSIS:
“El primer amor nunca se olvida. Ágata Martí decide irse a trabajar a Londres para dar un cambio a su vida. Allí se reencuentra con Gabriel, el mejor amigo de su hermano, quien la acoge en su casa y le da un empleo en el
periódico donde trabaja. Ágata y Gabriel se dan cuenta de que sienten la misma atracción que en la adolescencia, pero
Gabriel no confía en el amor y Ágata no está dispuesta a conformarse con menos.” (http://www.casadellibro.com/libro-nadie-como-tu/9788408085935/1247336)

¿Cómo descubrió Sweet Poppy a Anna Casanovas?

La verdad es que no tenía conciencia de su existencia si no fuera por la recomendación de un familiar. Me dijo que adoraba la literatura romántica y me habló de Anna Casanovas. Como no la conocía ni tampoco había leído ningún libro suyo, me puse en marcha, y eso hice: leer el primero de La familia Martí. Y para mi sorpresa, me agradó bastante.

Seguro que todos hemos escuchado eso de: “Dos personas que están destinadas a estar juntas encontrarán la manera de estarlo”. Es una frase típica, oída hasta la saciedad. Pues sin duda, la elegiría para definir el libro de Anna Casanovas: Ágata y Gabriel se conocen desde pequeños porque él es amigo del hermano de Ágata, y por cosas que pasan –que no voy a desvelar aquí– Gabriel se marcha a Londres a vivir. Años más tarde, Ágata se ve trabajando en su empresa. Es allí donde se aviva esa llama que ambos sienten. Sin embargo, parece que el miedo se interpone entre los dos como un muro que los incomunica. ¿Serán capaces de vencerlo?

Es una novela que rompe los esquemas de las características historias ñoñas donde todo sale bien y punto. “Nadie como tú” te atrapa desde el principio –lo leí en un día, ¡no os digo más!–. Es un diálogo ligero, personajes perfilados sin excesos, una trama muy bien trabajada desde el principio, sentimientos a flor de piel y miradas intensas cargadas de complicidad.

Como podréis ver, me ha encantado, por eso le pongo un 10. No hay nada que sobre o que falte. La historia es genial, lo tiene todo.

Saludos ღ

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Cuando vas en el metro lo único que deseas es llegar al destino lo más pronto posible, o como poco, encontrar un sitio, sentarte y evadir la mirada durante todo el recorrido mientras de forma disimulada, la gente se fija en tus zapatos, tu pelo, el color de los ojos… lo que yo llamo: un escáner. Lo cierto es que no me importa que lo hagan, ni siquiera le molesta a Esperanza, quien hoy iba conmigo. Apenas cruzamos palabra durante el viaje a casa. Estaba tocada –por suerte, aún no hundida–. Sobre todo, la noté cansada. Su mirada se cerraba y abría de forma involuntaria. Las personas clavaban la vista en ella. Seguro que rumiaban: «pobrecilla». Yo lo pensaba, pero lo pensaba porque sabía por lo que estaba pasando por aquel entonces, a mediados de noviembre. Y ahora, en marzo, nada se reduce, todo avanza, todo se complica.

La pesadilla de Esperanza comenzó cuando llegó la hora de enfrentarse a un nuevo año académico. Al principio, solo tuvo cabida la ilusión; pero toda ilusión acaba siendo alcanzada por las decepciones. Un claro ejemplo era el horario, un horario basura, decía ella a causa de tener que comer fuera todos los días. Sola –porque yo iba a otra facultad–. Esto era lo “menos malo” que podía ocurrirle. Conforme transcurría el tiempo, la madre de Esperanza se iba encontrando peor: incapaz de subir la escalera de un edificio sin sentirse plenamente agotada.

Despejo el mechón cobrizo que se ha colado en mi campo de visión, lo paso por detrás de la oreja, y entonces, al fijar mi mirada en la puerta que tenía ante mis ojos: la entrada principal de la biblioteca, me viene a la mente un recuerdo amargo del mes de noviembre, uno de esos que desearías borrar con miles de comas etílicos en plenas fallas.

» Esperanza llegó a mí. La vi decaída por la manera en que se deshizo de su mochila. La dejó en el suelo, y al lado de esta, se sentó ella. Apoyó la cabeza en la pared. De repente, el tiempo se detuvo. En ese instante, lo único que importaba eran los ojos pardos de Esperanza, provocadores de una tormenta torrencial que se ahogaba en pequeños gemidos retenidos por su garganta. Yo, incrédula al no saber qué demonios pasaba, me senté a su lado. Entonces, me dijo: «Joder, no quiero volver a esto. La culpa es mía por no tomarle en serio, por pensar que nunca fue nada importante. »

Dejé que se calmara. Ni siquiera tuve el valor de decirle algo que la ayudara, porque en ese momento, no creí que ninguna frase estuviese a la altura de lo deshecha que se sentía ella.

Tras un largo rato, le pedí que fuésemos a dar una vuelta por el jardín que envuelve a la biblioteca. Accedió a mi propuesta, aunque durante el recorrido, no quiso hablar. Miraba a lo lejos, evadiéndose del mundo –como siempre hace–, guardándoselo todo para ella. Yo, que soy un libro abierto, me molesta bastante su inexpresión, porque sé que en el fondo, se muere por romper las barreras de su interior y poder gritar al séptimo cielo lo que siente. Pero no lo hace.

Al fin, su voz quebradiza tomó el rumbo.
-Le han hecho un TAC.
Yo alcé las cejas, incomprensiva.
-Me ha dicho mi padre que es algo malo, algo que está relacionado con unas pruebas cuyos resultados no se obtendrán hasta dentro de un mes.
-¡¿Un mes?! –vociferé, sorprendida.
Ella asintió.
-Desde el primer momento pensé que era algo malo, ¿pero tan malo? ¿Por qué?
-No tiene por qué serlo –dije.
-¿Y si lo es, A?

Cuando más me necesitaba, decía A, pronunciaba mi nombre como un SOS.
La paralicé en medio de la acera.
-Mira, no puedes ponerte en lo peor. Es a ella a quien le están haciendo pruebas, no a ti. Así que no, no puedes derrumbarte. Te necesita, nos necesita.

Por una vez, solté las palabras en el momento justo.

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Es raro verme sentada en el sofá un lunes a las ocho de la mañana. Es una verdadera suerte no tener clase a estas horas, aunque, sinceramente, me hubiese gustado tener la cabeza despejada y dormir de un tirón en vez de moverme de un lado a otro sin saber qué posición tomar. Al final opté por levantarme y aprovechar el día. No había nadie en casa, y eso a veces me causaba pánico. La culpa es de una que yo me sé… me invita a ver capítulos de American Horror y claro, luego imagino rollos mentales. Nunca entenderá que siempre fui más de La chica invisible.

Eran las diez de la mañana cuando escuché el timbre de la puerta principal. Refunfuñé por la pereza que me daba tener que levantarme. Pero lo hice.
Era Esperanza. Su cara era más un joker que un poema, y eso me hacía pensar que realmente sudecía algo malo.

-Pasa –dije haciéndome a un lado.

Juntas, entramos al salón. Le hice un gesto con el brazo para que se sentara, a fin de cuentas, ella es parte de esta casa.

-¿Qué ocurre?

-Mi… mi… madre –tartamudeó insegura. Agarré su mano y la apreté con fuerza para que supiera que, ante todo, no estaba sola. Ni lo estaría nunca.

-Soy una imbécil –se espetó.

-No, no lo eres –acaricié su mentón–. Cuéntamelo, por favor –añadí.

Ella desvió la vista y tragó saliva.

-Le han detectado algo tumoral, y todo apunta a que sea malo.

Entonces sí, su mundo y el mío se habían venido abajo. Durante unos segundos me quedé muda, perpleja. Conocía a su madre desde los tres años, era como una segunda madre para mí.

-Los médicos siempre dicen cosas malas –fue lo único “inteligente” que se me ocurrió decirle–. Te lo pintan todo muy mal, pero luego no tiene por qué ser así.

Ella no dijo nada. Temblaba. Sus manos estaban frías y sus ojos ardiendo de dolor, rojos, llorosos… la misma forma en la que tus párpados caen hacia abajo y sientes cómo las lágrimas tocan las mejillas. Y escuece.

La abracé y dejé que llorara sobre mi hombro.

-Todo se arreglará –susurré. Ni siquiera me creí mis palabras.

Tras un rato en el que ella misma se vació por completo, la dejé durmiendo en el sofá. La tapé con una manta, y me fui a la cocina a preparar té con vainilla, desde que me lo recomendó mi tía Lola, no dejo de beberlo. Me encanta.

»Cogí la taza con los dedos de ambas manos y fui al salón, donde me quedé hipnotizada mirando cómo la chica que estaba tumbada, era la misma que se sentía rota por dentro. En el fondo la entiendo, sobre todo cuando este verano llegó a mi casa, asustada –algo parecido a lo de hoy–, a contarme que vio muchos botes pequeños, transparentes… en el baño de sus padres. Ninguna sabía qué eran aquellos elementos, pero enseguida recordé que cuando era pequeña y me operaron de apendicitis también mandaron analizar mi orina y me dieron un bote de esos que describió Esperanza. No pude decírselo, sin embargo, ella ya sabía que algo iba mal, y para mi desgracia, pocas veces se equivocaba. Siempre pensé que tenía como un sexto sentido, una clase de percepción que le anunciaba en quién confiar y en quién no. Lo mismo pasaba con las cosas y los hechos. Eso la hacía rara, extraña, y por supuesto, única.

Recuerdo cuando le conté que Ian y yo habíamos roto –en verdad le dejé yo por ser un inmaduro insensible–. Alzó mi barbilla y con su voz melosa dijo: «Amapola, no podemos desperdiciar el tiempo. Sécate esas lágrimas. Ian no te merece, es un idiota. Tú vales más que él y no tardarás en saberlo.»

Esperanza siempre tuvo razón.

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Bécquer: Rimas y leyendas

¡Hola a todos!

Bécquer, clásico y romántico

Hoy me he propuesto hacer una entrada dedicada a uno de los poetas que más me gustan, y que además, estoy segura de que a vosotros, lectores, también os agradará. Sí, se trata de Bécquer.

¿Quién no conoce a Bécquer? Todos en alguna etapa de nuestra vida hemos leído alguna de sus rimas, o puede que hayamos escuchado a alguien hablar de sus leyendas, decir algo como: “es el escritor del conocido poema de las golondrinas”… Pero, realmente, ¿quién es Bécquer?

Breve biografía de Gustavo Adolfo Bécquer:

Este autor nació en 1936, Sevilla. Realmente, no se apellidaba Bécquer, sino Domínguez Bastida. Pero, decidió firmar sus creaciones con el apellido procedente de sus antepasados paternos.

Él tuvo un hermano llamado Valeriano. Junto a él sufrió la terrible pérdida de sus padres. Primero, murió el padre y años más tarde, falleció la madre. Por ello, fueron a vivir con sus tíos.

Bécquer, a los dieciocho años decidió trasladarse a Madrid, donde estuvo trabajando para varios periódicos, como ‘El Contemporáneo’. En este periódico escribió biografías, traducciones, dibujos, etc.

Más tarde, se enamoró de Julia Espín, amor que no fue del todo correspondido. Pero, en 1861 contrae matrimonio con Casta Esteban. Ella, le es infiel y acaba separándose de esta.

En 1870 fallece su hermano Valeriano. Para el poeta es un duro golpe y eso le pasa factura, falleciendo también en 1870.

Bécquer y el Romanticismo tardío

 

Este movimiento revolucionario rompe con todo lo establecido en el Neoclasicismo, consigue realizar varios cambios, como por ejemplo, la poesía busca nuevos ritmos y formas métricas, logrando así ser más sentimental, intimista. Continúa siendo romántica, dotando al poema de emotividad, donde los temas principales van a ser el amor y la pasión por la vida, la belleza.

Autores de este movimiento son Bécquer, Augusto Ferrán y Rosalía de Castro.

El otro día me compré el libro de Rimas y Leyendas, de Bécquer, y quise hacerle un pequeño ‘homenaje’ a través de un vídeo. A continuación os dejo el enlace para que podáis disfrutar de él.

 

 

Espero que os guste :)

 

Saludos ღ

 

 

 

 

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Reseña: ‘El beso de la sirena’

 

¡Buenos días, amigos!

¿Conocéis al escritor Andrea Camilleri? Autor italiano que creó ‘El comisario Montalbano’.

Hoy no os voy a hablar del género negro que tanto caracteriza a este escritor, sino de una de sus novelas que consiguen hechizar al lector… donde Camilleri une magia y realidad. (Parece difícil, ¿no?) :)

FICHA TÉCNICA:

Nombre: El beso de la sirena

Autor: Andrea Camilleri

Editorial: Destino

Páginas: 157

 

¿De qué trata?

Gnazio Manisco es un hombre que por circunstancias de la vida, no sabía nada sobre su padre, y además, cuando él tenía diecinueve años murió su madre. Por ello, decidió partir a América. No sería hasta tiempo después cuando reaparecería en su pueblo: Vigatà; con cuarenta y cinco años. Él, que no estaba casado, ni tenía relación alguna, decidió que a pesar de su edad, quería casarse y formar una familia. ¿Con quién? Si no conocía a nadie. Pues por eso recurrió a la señora Pina, quien haría de “alcahueta”. Esta le presentó a varias mujeres y al final, hubo una que le agradó bastante, de hecho, conseguía hipnotizarlo con su espectacular belleza. Esa mujer era Maruzza Musumeci, una joven que según la señora Pina, tenía “complejo de sirena”, porque creía serlo.

 

Sweet Poppy y su valoración personal

 

‘El beso de la sirena’ no es una novela típica donde hombre conoce a mujer y a pesar de las dificultades de la vida consiguen estar juntos. ¡Al contrario! Ellos se conocen, y aunque la mujer de Gnazio sea un poco rara por el ‘complejo que tiene’, logran compenetrarse para poder ser felices, soportando las manías del otro. Aunque la cosa va más allá de lo convencional (no diré nada para no desvelar cosas importantes jejeje).

Camilleri nos va contando la historia de Gnazio a partir de un marco cronológico que va avanzando hasta el final. Y durante ese tiempo, mantiene un lenguaje sencillo y fresco, con descripciones justas y necesarias sin llegar a ser cargadas ni aburridas.

 

Con este libro he disfrutado muchísimo, ¡ojalá hubiese sido más largo!

 

Espero que os haya gustado este post sobre moda y me ayudéis a difundirlo a través de Twitter, Facebook y Google Plus. Además, también me gustaría que visitarais las webs de mis amigas, ya que tienen un contenido interesante y útil. No os arrepentiréis.

Saludos ღ

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Reseña: ‘La vida era eso’

¡Buenos días, amigos!

Reseña: ‘La vida era eso’

Sí, señores, se trata del premio Nadal de Narrativa 2014, donde la ganadora ha sido Carmen Amoraga, y el título: La vida era eso.

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