¿A vosotros no os ha pasado, por las noches, que habéis tenido la impresión de haberos levantado con un cubo en cada pierna?
Bueno, pues hoy ha sido uno de esos días que más valía haberse quedado en casa pero metida en la cama. Si llego a salir a la calle no sé qué hubiera hecho: provocar un maremoto. Así que, vista la forma de empezar, decidí no salir a la Adoración del Santísimo ni a nada. Pero me temo que, por muchos días y noches que me quede, o encuentro., a ver, qué me provoca la ansiedad, o no solucionaré nada. La ansiedad se torna incontrolable y no permite más que meteduras de pata por doquier.
Buenas y patosas noches
Así que he determinado no escribir más que lo justito en el Whatsapp y en el Facebook por si las moscas. Menos mal que mis amigas me conocen y, cuando me dan las “subidas” de adrenalina,-no un desorden de trastorno bipolar, cuidado, por si las moscas- pasan rotundamente o damos la vuelta hacia lo gracioso. Pero lo bueno es que ya voy empezando a conocerlo y a controlarlo. Comienza como una angustia en el pecho, como si faltara el aire. Así que se inicia, de igual manera, un desbordamiento en la tarea que esté realizando, que llega a producirme más ahogo en el pecho y debo parar y respirar hondo. Si no me doy cuenta por no haberme parado en seco, continúo con la actividad y, según donde me toque, o escribo mucho, o leo mucho, o limpio mucho, o hablo muy rápido.
Voy a intentar dirigirlo hacia dormir más. Eso no, eso no me lo permite. Cuántas noches me he quedado sin dormir porque me estoy durmiendo en el sofá o ante el portátil y, al llegar a la cama, los ojos se quedan abiertos como platos y no hay forma de cerrarlos. En fin. Mañana hay ensayo con el Cor de Xiquets y mercadillo. Dos. ¡No me los quiero perder! Ya os cuento.
Buenas noches, dulces sueños y feliz descanso.