Las últimas horas con mi padre y el número 7

Las últimas horas con mi padre fueron especiales y extrañas al mimo tiempo, estaba desesperado y rabioso.

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Las últimas horas o mejor dicho, los últimos tres días, que pasé a su lado en el hospital -me dejaron la cama de al lado para que pudiera descansar- fueron de impotencia total. Tenía cáncer de hígado, el sábado por la mañana me llamaron para que fuera urgente porque ya había vomitado sangre y era cuestión de horas. Cogí a mis hijos rápidamente y nos fuimos hacia Cartagena volando -casi literalmente- quería despedirme y tranquilizarlo.

Las últimas horas con mi padre

Antes de esto os pongo en situación: cuando empezó el año 2007, esas navidades me dijo: “no me gusta nada este año, me da mala espina”… “termina en 7 y yo tengo 77 años”. Los meses trascurrieron normales, solo que él empezó a adelgazar sin motivo aparente, le hicieron pruebas y las primeras no mostraban nada, hasta junio que le dijeron que era un cáncer de hígado y cirrosis -ahí me enteré que son dos cosas distintas-. Él llevaba su vida normal, no tenía dolores, trabajaba, y mucho, porque le encantaba su trabajo. Entonces le propusieron una quimio-embolización, -que dudó mucho en hacérsela porque no las tenía todas consigo- que es llenar de “bolitas” como de corcho el sitio dónde estaba el cáncer para que no se extendiera -fue un experimento porque me enteré después de la operación, cuando hablé con el médico, que estaba lleno de metástasis por todos sitios-. Lo operaron el 25 de julio -2+5 igual a 7 y julio es el es 7 ¡ojo al dato!.

A partir de ese instante todo fue cuesta abajo, la operación lo dejo muy mal, ya no pudo trabajar más, estaba muy torpe y un día se cayó por las escaleras, lo ingresaron y ya no volvió a salir. Me acuerdo con mucha pena que un fin de semana -íbamos a verlo todos los fines de semana- se intentó escapar para estar en casa con sus nietos, yo lo ayudé a vestirse y lo bajé, acerqué el coche a la puerta y cuando lo estaba ayudando a entrar al coche lo pilló su enfermera que lo andaba buscando ¡pobrecillo! se llevó una desilusión tremenda.

Volviendo a las últimas horas

Desde el momento que sabíamos que era cuestión de horas me quedé ahí con él, mis hijos se despidieron y mi madre se fue porque él no quería que estuviera, se llevaban muy mal. Como cayó en sábado la doctora se fue dejando instrucciones para el médico de guardia, pero éste se negó a darle otra cosa que no fuera transilium, y claro eso para mi padre no era nada, estaba nervioso, pero no tenía dolores o se los callaba. Estuvimos hablando de muchas cosas porque estaba consciente. Me preguntaba por qué tardaba tanto la muerte -de temas de este tipo solíamos hablar a menudo- y claro yo lo único que podía decirle es que quizás, como se resistía a morir, no se dejaba ir. Me decía que no quería morirse, que quería seguir trabajando, que le quedaban cosas que hacer, que le tenían que pagar trabajos que había hecho -era aparejador- y necesitaba su agenda para llamar a estas personas. Bueno, me contó que tenía que terminar unas construcciones porque tenía un contrato. Toda su “perra” era esa, se enfadaba y enrabietaba y decía” a ver cuando vine esta jodida muerte” “o me muero o no pero esperar es un coñazo” “ya lo decía Franco: que difícil es morirse”.

Yo solo le hablaba de que se relajara, que era inevitable y se dejara llevar. Le daba masaje, lo acariciaba, peinaba, le echaba crema porque tenía toda la piel reseca, le daba Reiki para calmarlo, así poco a poco se fue tranquilizando. El domingo por la noche estaba tranquilo y yo echada en la cama de al lado y lo oí hablar, me acerqué y estaba mirando hacia otro lado, con los brazos extendidos hablando con mi abuela, le decía con una sonrisa “mamá , mamá, te estoy viendo, estás aquí, mamá, mamá”. Después de aquello se quedo medio en coma y la paz que había era como cuando murió mi madre, era igual que estar dentro de una burbuja que te separa del mundo. Podéis entrar en este enlace la última conversación con mi madre.

El lunes por la mañana volvió su doctora y al ver que aún vivía dijo textualmente ¡¿es que aún no se ha muerto Francisco?!… casi le tiro algo a la cabeza. Entonces empezó el movimiento, que si reconocimiento, que si no entendía que si tal y cual y morfina al canto. Ya entró en coma totalmente, eso fue por la mañana y por la tarde llamé a mi madre para que estuviera allí -ya que él se suponía que no se enteraba- para poderme dar una ducha en casa, despejarme, ver como estaban mis hijos y volver enseguida otra vez. Cuando llegué a casa me duché y al salir de la ducha sonó el teléfono, era mi madre para avisarme que acababa de morir. Corrí tanto que cuando llegué todavía  le estaban quitando los cables, sueros y apuntando la hora de la muerte que fue a las 19, 7 de la tarde y 43 minutos 4 y 3 igual a. 7 Me abracé a él y me dijo la enfermera que podía hablarle porque el oído es lo ultimo que perdemos… y así lo hice; le dije que lo quería, que fuera libre, que cogiera su camino y no se preocupara por lo que dejaba aquí y mucho más, llore un poquito mientras le hablaba porque no lo pude evitar, pero bueno, le transmití paz y él a mi también.

Podría seguir y seguir, pero ya se ha hecho demasiado largo, así que CONTINUARÁ con lo que pasó después.

Muchas gracias por entrar, escribir sobre estas cosas me ayuda y desahoga. Dar a BUZZ no os olvidéis.

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