Llegada a Xauxelles

Segunda parte del relato “La maldición de Xauxelles” sita en La Vila Joiosa.

Continuamos con el relato sobre la Finca Xauxelles de La Vila Joiosa iniciado ayer: La maldición de Xauxelles. Siendo un relato de terror se aconseja que los cardíacos y menores de doce años no lo lean. En cuanto a los personajes son totalmente ficticios.

Llegada a Xauxelles

A las siete de la tarde metimos el equipaje en el coche, como habíamos acordado el día anterior y, hoy, a las nueve y treinta, partimos. Pero antes de arrancar y salir del parking, Miguel decía que se encontraba mal y tenía un mal presentimiento.

Le preguntamos:

-¿quieres que te dejemos en casa?.

Nos respondió:

-no, no, no pasa nada. Ya tengo mis pastillas para el dolor de cabeza y náuseas. También tengo una bolsa para los vómitos.

Partimos. Salimos del parking en dirección a Xauxelles, escuchando, con mi antena nueva, Cadena 100. Aunque era un camino corto.  Primero nos dirigimos al ayuntamiento a que el alcalde nos diese las llaves y el candado de la finca. A la entrada del ayuntamiento vino un conserje a darnos las llaves y, también, aparte de las llaves, nos dio una cruz como la que llevan los exorcistas. Y nos dijo:

-tened cuidado. Esa finca está maldita. Si vais, enseñadle al monstruo o espíritu esto y salid antes del amancer. Os recomiendo que, a las seis en punto de la mañana, estéis, ya, fuera de esa mansión. Sólo os daré ese consejo. Guardadla en la guantera. Que yo os vea. Y os voy a poner aqui una cámara para ver que no la tiráis.

Por favor: ese lugar está maldito. Id con cuidado.

Perdimos quince minutos a causa de esta distracción del conserje. Ya eran y cuarenta y cinco. Salimos directos a la partida Xauxelles y vimos casas abandonadas que podíamos explorar otros días. Pero eso ya es otra historia.

Y, después, por fin, a las diez y cincuenta y cinco, llegábamos a la finca Xauxelles mientras sonaba la canción de Black or white de Michael Jackson por el principio. Y al llegar a la puerta, la radio se paró un momento y se oýó una voz espeluznante que decía:

-os estoy viendo.

Y no había ningún cassette ni ningún pendrive ni ninguna grabadora conectada. Vino desde el mismo aparato de la radio.

La voz sonaba como de otro mundo. Era espeluznante.  Y después continuó la radio.

Buscamos si había algún cassette o alguna grabadora conectada y no había nada. Pulsé al botón de “quitar cd” para ver si era que nos había puesto un CD sin que nos diésemos cuenta y, efectivamente, no salió ningún CD porque yo no suelo usar CDs ni nadie. Lo juro.

Bueno, seguimos con la historia.

Joan bajó del coche para abrir la finca Xauxelles, el candado. Abrió la verja, quitó el candado y se volvió a meter, otra vez, en mi coche. Al ver el candado, vimos que era de un material valioso y dijimos:

-con permiso del ayuntamiento, este candado se podría vender por cinco mil euros o así.

La maldición de Xauxelles
La maldición de Xauxelles

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