Nos preparamos para ir a Xauxelles

Primera parte de un relato que se localiza en la finca Xauxelles de la Vila Joiosa.

Ofrecemos, durante este post y los de días posteriores, los capítulos sucesivos de un relato supuestamente acontecido en la finca Xauxelles de La Vila Joiosa. No es aconsejable ni para menores de doce años ni para cardíacos. Su título es: La maldición de Xauxelles.

Relato de la aventura en Xauxelles

Xauxelles es un palacete, actualmente, que yo no sé si está abandonado.

Estaba en el instituto, en mi clase de segundo de bachillerato, cuando, de repente, a mis compañeros se les ocurrió una idea:

– ¿Y si vamos esta noche a Xauxelles?.

-Ese palacete está abandonado.

-Qué es… ¿Un palacete o una mansión?- preguntó mi amigo Joan.

Dijo mi amigo Miguel:

-sí. ¡Esta noche podríamos ir!.

Dijo mi otro amigo Joan. Me preguntó a mí:

-Ricard… ¿te apuntas?.

Y yo acepté aunque, luego, de pasar esa experiencia, nos arrepentimos. Ellos, mis dos amigos, y yo.

Yo era el único de la pandilla que tenía dieciocho años y coche.  Había repetido un curso por ni negligencia estudiantil y, actualmente, no se repetía ningún curso. Los he sacado todos con sobresalientes.

Bueno, mejor sigamos con la historia.

Ese día, al salir del colegio, propusimos la hora de salida.

Joan dijo:

-a las siete en punto de la noche.

Yo dije:

-a las nueve en punto de la noche.

Miguel dijo:

-a las doce en punto de la noche.

Y por mayoría de votos, decidimos que saldríamos a las diez en punto de la noche.

Decidimos que iríamos a pasar una noche allí y que mi coche, un Renault Scenic del año 2007, Diesel, tendríamos permiso para aparcarlo, dentro de la finca, del ayuntamiento. Aquel mismo día, a las seis de la tarde, fuimos al ayuntamiento a pedir permiso. Fuimos a hablar con uno de los concejales del ayuntamiento y nos dijo que no y, de repente, nuestro queridísimo alcalde, Jaume Lloret, interrumpió la charla del concejal y nos dió permiso para aparcar dentro. Nos dijo que nos lleváramos cruces, velas y amuletos. Pero no tenía gran importancia eso.

Nos dijo que nos lo pasáramos muy bien. Que nos lleváramos casco, linterna, una tienda de campaña, sacos de dormir o cama plegable, mantas y, si queríamos, nos podíamos llevar un colchón. Y mucha comida.

A las tres de la tarde, después de acabar nuestras tareas, como al día siguiente era sábado y era el día que íbamos a ir después del día de hoy, que era viernes, pedimos permiso a nuestros padres. Mi madre dijo: -mientras vuelvas enterito a casa, lo que sea-. Y las otras madres, como somos ya amigos de confianza desde hace tiempo, también aceptaron.

Ese día, a las siete y media de la tarde, pusimos todo nuestro gran equipaje en mi enorme maletero, que los de Renault hacen muy bien sus coches (y esto lo digo en serio, el Scenic es el mejor coche que he visto en la vida, lo digo de verdad). Bueno, sigamos con la historia.

La maldición de Xauxelles
La maldición de Xauxelles

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