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Elecciones del veinticuatro de mayo 2

(c)María Teresa Aláez García. Todos los derechos reservados.

Sin corregir.

 

La lejía es muy orgullosa. Aunque el plan del bicarbonato no le parecía mal, se sentía algo ofendida. Ella no iba a rebajarse a hacer según qué trabajos sucios. Otra cosa era contratar a sus familiares para que se los hicieran. Pero ella.... ¡Ni pensarlo!. Bueno... quizás cediera un poco. A fin de cuentas sus votantes podían ver, en ello, un aliciente y, podría ser que, en las siguientes elecciones consiguiera mayoría absoluta de nuevo...

A la sosa, como buena bravucona, no le hacía falta pagar a nadie. Sus acólitos irían donde ella deseara. Claro que ignoraba que sus acólitos estaban deseando echarla a un lado o quitársela de encima porque, últimamente, los humos desatados por el último accidente de las aguas se le habían subido a la cabeza.

El amoníaco, con tal de ser jefe de equipo se aliaría con cualquiera. Pero su partido le aconsejaba que, mejor, reflexionara y pensara un poco sobre ello.

El vinagre blanco no tenía gran problema. Le gustaba la propuesta y si se unía al bicarbonato, sabía que conseguirían grandes cosas. 

Pero pasemos, ahora, a los grandes perdedores.

El salfumán. Desde la gran guerra química no había ganado grandes adeptos. El poder de corrosión superaba, con creces, al de la sosa aunque era muy utilizado para "asesinar" a toda bacteria y virus viviente que intentara ascender por cualquier tubería o conducto. Claro que, según el material, también los destrozaba. Mas poca gente veía su buena intención. Era su forma de ser, no su deseo. Simplemente quería tener un puesto en la sociedad y el uso que se hacía de sus efectos no solía ser el adecuado.

El alcohol se había considerado, siempre, el rey de la limpieza. Además intervenía en la cura y desinfección de heridas. Últimamente se había pasado a las nuevas tecnologías y los ordenadores estaban contentísimos con sus efectos. Ello le producía grandes satisfacciones. Pero... ¿qué había ocurrido con los votos? No comprendía esa caída. Podía unirse a cualquiera de los otros productos mas no comprendía el por qué de su rechazo.

El agua oxigenada buscaba una reconversión de su partido. Y el humilde limón, usado, toda la vida como limpiador y medicina. intentaba sobrevivir.

La glicerina y la cal aguardaban su momento.

Y, mientras, algunos elementos observaban lo que ocurría.

En un principio, los miembros del club Gosse (Alcantarilla), al que pertenecía lo más alto y granado de la sociedad, observaban los movimientos de los productos químicos. A su lado, la sociedad comercial de limpiadores, pugnaba por conseguir sus favores y ganarse un lugar favorable dentro del club: LI8, Vidriosol, Rápido, Mr. Crisol, los detergentes, esperaban los boletines y los movimientos de bolsa con gran expectación.  Querían obtener el monopolio de los azulejos, los enseres de baño, las cocinas, muebles, cristales...

En la sombra, donde casi nadie sabía de su poder, los banqueros Schabe, Dieb, Gauner, etc... se frotaban las manos aunque, en el fondo, estaban un poco alterados... si el limón llegara a ganar.... 

Las mareas continuaban sus avances. La blanca, de las sales reclamaban más oportunidades en los sanitarios. La marea verde, de los cítricos, pretendía que se diera a conocer la eficiencia de su uso. 

Los insecticidas aguardaban su turno aunque algunos de ellos, poco potentes, se habían convertido en terroristas y matones a sueldo...

 

Con más tiempo veremos la tarea de cada cual. 

Elecciones del veinticuatro de mayo

Estoy observando el pacto que hacen la lejía, el amoniaco, el vinagre blanco, el bicarbonato y la sosa para eliminar la suciedad, los gérmenes y los bichos de la casa.

En un principio, la lejía se ve superpoderosa: su poder de limpieza es superior, es muy eficiente pero... los tejidos quedan destrozados, al pasar el tiempo, y elimina el brillo de los suelos, además de dañar la piel de las manos, cosa que a ella le da igual porque son "daños colaterales" y hay que sufrir si se desea que siga con el poder.

El amoniaco, que hasta entonces estaba liderando al equipo, no tiene tal poder de eficiencia y sí que trata bien las manos y los tejidos. Más su olor es demasiado penetrante y no elimina el brillo de los suelos y de los lacados pero los gérmenes y los insectos se pasean, a sus anchas, por los azulejos. A él le da igual mientras su poder no caiga en el olvido.

El vinagre blanco, más humilde, se mantiene en un discreto segundo lugar aguardando su momento: los insectos huyen ante su presencia. Es, además, útil para la comida así que se compran dos botes, uno para la limpieza y otro para el aliño, que se mantienen completamente separados. Claro que, aunque deja la ropa impecable, el olor se mantiene y no es tan eficiente si no se usa caliente o con agua hirviendo.

La sosa puede ser letal. Su poder es tremendo contra la suciedad y contra todo. En contacto con el agua elimina cualquier cosa.

Y el pobre bicarbonato, siendo también una sal, como no llega a más, se oculta en la parte más humilde e inferior.

Ante las elecciones del domingo, hubo una lucha entre la sosa, la lejía y el amoniaco, a muerte. Querían liderar el equipo. Sus discursos, en las jornadas propagandísticas fueron potentes mostrando sus virtudes. Pero no sus formas de vida, su interior y el daño que podían hacer. Hablaban muy bien, por supuesto. Sus discursos fueron tremendos aunque no coherentes con sus vidas. No querían cambiar sus formas de vivir. Además dejaban mal al bicarbonato y no querían tener trato con el vinagre blanco. ¡Faltaría más! Ellos podían con todo.

Y en las elecciones, el amoniaco perdió votos, subiendo la lejía y el vinagre blanco. El bicarbonato no ganó escaños. Siguió en su puesto anónimo.

Así que, el domingo por la noche, la lejía dijo que aceptaba la decisión de los votantes y que lo lamentaba por los líderes. Estaba dispuesta a aliarse con el amoniaco a pesar de que su unión era demasiado corrosiva aunque útil. La sosa dijo que ella tendría en cuenta a todos sus votantes y a los que no. Sería líder de todos, lucharía por no dejar atrás a nadie, tendría a todos en cuenta y, a la hora de pactar, miraría por los puntos de su partido, comparándolos con los de los demás, a ver qué cedería o que no.

El bicarbonato pensó: bueno... ¿Eso es lo que todos buscaban? ¿El poder? ¿Ganar? ¿Ser los primeros? ¿Cambiar según los propósitos de sus votantes? Los que pierden echan la culpa a los votantes indirectamente, lamentándolo por los líderes. Todavía no había encontrado a ningún líder que hubiera dicho "Gracias a todos porque hemos conseguido dar un paso adelante a la hora de conseguir un cambio. Ahora vamos a ver de qué manera aunaremos las fuerzas para eliminar lo negativo y conseguir que la casa esté limpia y libre de gérmenes e insectos corruptos. Más que seguir los puntos de los partidos, más que ver si he ganado o no, si voy a regir o no un equipo, voy a mirar los aspectos positivos, los negativos, a usar los primeros de manera útil y a compensar los segundos para que sean igual de potentes.".

Los ganadores se quedaron pensativos. Habían pensado en sí mismos más que en la situación que residía en el hogar. Los que habían perdido pensaban en cambiar sus discursos y oratoria pero no sus desórdenes internos ni sus formas de vida. Los que habían ganado tenían el poder. Sí, sus discursos eran buenos pero... ¿Y ahora? La casa seguía igual de sucia, desordenada y sus carencias no se iban a solventar si no se hacía algo. Pero algo positivo para todos, no sólo para que sus egos subieran o para que los votantes los mantuvieran en el poder. Y... ¿quién era el bicarbonato para hablar? Ni siquiera había obtenido un escaño. Vamos... menudo perroflauta.

El bicarbonato volvió a sugerir: "sé que no soy nadie. Como mucho, me acerco, en algo, a las propuestas de la sosa pero no tengo vuestra eficiencia. No perdéis nada con escucharme e intentarlo. No os pido que abandonéis ni a vuestros escaños ni vuestro momento de gloria. Sólo os ruego que miréis la situación en que estamos y que, tanto por vosotros como por quienes nos votaron, actuemos debidamente".

La sosa, a la cual habían imputado por haber aniquilado el esmalte una bañera, habiendo culpado al niño de la casa, decidió escucharlo. Ella se defendió diciendo que no había provocado al niño para que la echara por el esmalte y que la madre tenía que haber tenido cuidado. Pero no habló de la propaganda tan atrayente de su bote, llamativa, provocadora. El niño fue a buscarla y decidió probar sus virtudes. El discurso de la sosa había resultado atrayente para las juventudes pero su acción era demasiado combativa.

Y siguió proponiendo el bicarbonato:
"Lejía: tú eres útil para eliminar gérmenes y para dejar blancas las paredes y plásticos. También esterilizas los alimentos y, algunos tejidos, soportan tu presencia.
Amoniaco, a ti te van las telas y los esmaltes así como los suelos. Pero tu olor es penetrante y no eres tan eficiente con los gérmenes.
Sosa, tú eres fuerte y letal. Las tuberías te necesitan así como las grasas y las suciedad dura. 
Vinagre blanco, te necesitamos para algunas tejidos y para ahuyentar a los insectos.
En cuanto a mí, además de ayudar a la digestión, puedo echar una mano para blanquear y eliminar olores corporales a la par que combatir el acné.
Vamos a organizar un plan donde todos seremos líderes y formaremos un equipo. La sosa, comenzará a vaciar las tuberías y mantendrá a las grasas a tiro. Lejía, eres necesaria para dar una primera limpieza a toda la casa pero en diferentes medidas. Unida al amoniaco, ayudarás en los aseos para eliminar los olores. Vinagre, con unas gotas de lejía, para eliminar el olor, limpiarás los suelos para ahuyentar insectos.
Así, todos, podremos trabajar en equipo. Dejaremos la casa en condiciones y vuestros votantes no quedarán defraudados. Vuestros egos no quedarán limitados puesto que habréis hecho un trabajo digno y os sentiréis mejor con vosotros mismos."
Continuará... dentro de unos meses, a ver cómo va la cosa.

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